“HAZ ESO Y VIVIRAS”
Por José Reveco*/ mayo 2008
De verdad nos complicamos demasiado. Hacemos lo imposible por buscar las mil y una argumentaciones, de todo tipo, para darnos explicaciones y quedar tranquilos con lo encontrado. Con la vida espiritual sucede algo parecido; nos empeñamos en ilustrar nuestra mente para comprender a Dios; hacemos que los textos nos hablen y respondan lo que queremos.
Con la religión la actitud no es diferente. Pasamos años en procesos de formación con la intención de resolver el misterio divino que nos dice está presente en nuestras vidas y somos parte de él; pero no lo creemos; necesitamos las pruebas suficientes para convencernos de ello y, cuando así pasa, es un convencimiento intelectual, es nuestro cerebro el que mediante una acción cognitiva nos dicta que ya podemos quedar tranquilos.
Un maestro de la ley preguntó a Jesús: ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Cuenta el evangelio que la pregunta llevaba la intención de ponerlo en apuros, sin embargo el nazirito le devuelve la pregunta ¿qué dicen las escrituras, qué lees en ellas? Y el maestro de la ley tuvo que buscar en su memoria, recordar y procesar la información respecto a los mandamientos más importantes: “amar a Dios con todo el ser y al prójimo como si fuera uno mismo”. Jesús le confirma la exactitud de su respuesta y le manda: “haz eso y vivirás”. (Lc 10,25).
Es muy simple: amar a Dios y al prójimo, eso es religión, es decir, estar re-ligado con… estar unido con… sin duda con Dios. Para Jesús no existe otra cosa que pueda hacernos vivir, ya eternamente, que hacer realidad este mandato.
No faltará quien piense que esto es muy difícil, casi imposible… pero, esto y no otra cosa es el sendero que lleva a Dios, la huella que ha dejado Jesús. No existe una gran avenida por la cual transitar con toda comodidad en el trabajo espiritual.
Como nos cuesta ya desde la partida, hace necesario emprender un trabajo, un ejercicio, para que nuestro espíritu tenga la preeminencia sobre todas nuestras facultades, de manera que avancemos cada día en este seguimiento, con la única certeza sabida: amar a Dios y al Prójimo.
Que entre los ejercicios que nos ayudan están muchas de las actividades que nos proponen las instituciones religiosas, puede ser, y será labor nuestra determinar si nos acercan o nos alejan de la estrecha e incómoda huella de seguimiento del Señor. A pedir ayuda a los seres celestes, para que nos den una mano en este arduo caminar.
* Laico integrante de la comunidad cristiana P. Bernardo Hurault de Coronel.